De como subir el rating con mentadas de madre o el método Colomina contra la decadencia

Earle Herrera

Ofender a la madre del Presidente de la República desde un canal abierto (Televen) fue una acción chapulinesca, es decir, “fríamente calculada”. Nada allí brotó al azar o fruto de un arrebato adolescente. Se hallaba en Venezuela el jefe máximo de la reaccionaria Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). La vulgar imprecación se lanzó con intención de carambola con piquete: 1) provocar alguna medida contra la planta para que la SIP armara un berrinche internacional y le diera soporte a la cantaleta vacía de que en “Venezuela no hay libertad de expresión”; 2) elevar desde el subsuelo el escuálido rating del decadente programa de la señora Colomina; 3) oxigenar al agónico partido de Mujica (el mentador) y, de rebote, colocarlo a él en algún lugar visible del desconcertado liderazgo opositor, aunque sea al nivel de un Manuel Cova .

Empecemos por lo último. El MAS nació como un partido con propuestas fresca y creativas. Hizo suya en las palabras y los hechos la consigna “imaginación contra dinero”. Luego, las pugnas internas por cuotas de poder y los platos de lentejas de la burocracia, marcaron la ruta de su decadencia. Hoy, aquella imaginación creativa se reduce a que su propio presidente, en un programa de televisión, no encuentre otra respuesta a una alusión política que vomitar mentadas de madre. Manuel Cova, con sus abrumadoras limitaciones, puede respirar tranquilo. Mujica y lo que queda del MAS no ponen en peligro su peculiar liderazgo.

Saltemos al primer piquete. El alto gobierno no complació con la esperada sanción a los directivos del canal escatológico y el tipo de la SIP se quedó sin argumentos. De todas maneras, declaró que se iniciaría una campaña, por todos los medios de América, para denunciar “los peligros contra la libertad de expresión” en Venezuela. En realidad, para atacar al país la SIP no necesita pruebas, mujicadas ni las “geniales” como grotescas tácticas de la señora Colomina.

Y concluyamos con ella. En televén viven preocupados por el bajo rating del programa de esta profesora que mancilló, con su praxis comunicacional, sus propias teorías. Día a día parece arrancarle, con un periodismo reñido con la ética, páginas a sus otrora críticos libros de ese mismo tipo de periodismo. Lo cierto es que los ejecutivos de Televén se llevan las manos a la cabeza cada vez que ven los numeritos del programa de la doña, pero no hallan cómo decírselo o no se atreven. De alguna manera ella lo sabe y erróneamente pensó que con Mujica y su mentada de madre reflotaría esa cosa que hace cada mañana por televisión. Por eso ni se inmutó y, por el contrario, trató de justificar la vulgaridad con la engolada frase: “para que una persona comedida como usted, etc”. Motolita.

No el sujeto que profirió la ofensa, pero ¿le deben los dueños del canal y la conductora del programa alguna excusa al país? En lugar de esto, lo que hicieron fue reponer el programa y repetir la mentada de madre, por si alguien dudaba de que se trató de una acción calculada.

Es la decadente televisión de estos tiempos, con partidos decadentes y un decadente lenguaje, intentando en vano salir de la arena movediza de su decadencia. En vano.